luces errantes

Lo extraño. Realmente lo extraño. Y no es que necesite que me diga nada en especial. Lo que extraño es su simple presencia a mi lado. Saberlo ahí  respirando. En cierta forma, mas allá de la distancia, lo siento a mi lado. Pero también lo extraño. Esa cosa doble en su persona, la sencillez y complejidad en una mirada. Sus manos. Su voz. Su sonrisa. Así que hoy le escribo, y le digo que lo extraño. Que ni Freire me llama tanto si no está él. Que me ataca un poco el tiempo malgastado, el que pudimos perder deliciosamente entre risas y cervezas. Que a veces necesito de sus palabras para comprender mejor las cosas. De compartir de nuevo las tardes hasta entrada la noche. De las miradas de reojo, las de complicidad, las de cuasi-reproche. Que lo extraño a él sin vueltas, sin mucho más que estas ganas de llegar y verlo fumando, o leyendo Dios sabe qué librito viejo y malgastado.

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