la voz

Un día no hablamos mas. Normalmente, acá es donde se dice algo como “No se que nos paso, no pude rastrear el momento preciso en que las distancias se hicieron mas que las palabras, no supe cuando nos dejamos ir, cuando nuestras vidas se separaron”. Pero eso no es verdad. Comienza con un rencor chiquito. De cualquier tipo. Dejaste de contestarme un mensaje, o algo que no contaste y llega a mis oídos desde bocas extrañas, venenosas. Yo cultivo ese rencor. Lo alimento de la palabra confianza. Me digo a mi misma que no es verdad, que me hubieses dicho algo como eso. Me repito que no tengo porque desconfiar. Que te sigo importando. Y luego llega un silencio, seguido de siseo ofidico  Quizá no importo tanto. Seguramente no. Sus silencios hablan bien fuerte. Omisiones, que cada vez mas toman forma de mentiras que no se quieren pronunciar. Así me voy convenciendo, mas rápido que las resistencias que pude oponer, que ya no te interesa hacerme parte de tu vida. Todavía te escribo, te hablo, te escucho. Pero soy yo la que ahora calla. Guardo mis secretos al principio, luego mis sentimientos, mis ideas, finalmente te niego mi cotidianidades  hasta recortarme las palabras en las mínimas expresiones. A veces notas que algo esta mal. A veces no. A veces ni yo se si sigo licenciandome o si es que realmente ya no me importa. Y es entonces que noto que vos también guardas silencio, que hace tiempo no escucho tu voz pronunciando mi nombre. Y me desarmo, me desato los rencores cultivados, y dejo mis labios temblando de ganas de preguntarte que paso con nuestra música. Abro mis labios…

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