los fantasmas

Veo fantasmas.
Recorren los pasillos de mi habitación  las calles que mas transito. Los veo desde el colectivo. A veces duermen junto a mi. Tanto me acostumbré a ver a mis fantasmas, que ya no me sorprenden sus miradas, ya no me duelen sus reproches silenciosos.
A veces me despierto y un fantasma se enreda entre mis piernas por la espalda, mientras abrazo a otro. Me encierran con su frío. Así que me sacudo sus nombres, sus gemidos que son míos. Lavo mi cara, mis ojos, mis dientes. Me saco de encima la pesadilla recurrente y el sabor de los besos que no di ni voy a dar. Antes de salir, me tapo los oídos, me lleno de una música que no sepa pronunciar, que levante mis pies en el camino, y me aleje de los fantasmas matutinos.
Pero reaparecen en las calles, me acechan en las esquinas. Son recordatorios: ahí perdí el aliento con un beso, ahí morí por una sonrisa, en ese mismo lugar me perdí en un abrazo.
Y así los días y los fantasmas pasan caminando. Me acostumbro al abrazo frío de sus tactos.
Pero llega el día en que me sorprendo durmiendo en otro abrazo. Uno cálido, inesperado. Seguido de una sonrisa, y una voz que dice ‘Buen día’. Y en vez de correr a lavarme los recuerdos y temblores, me doy vuelta, y escondo entre dos brazos.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s