el círculo dorado

Una vez leí la historia de un chico que trazó un circulo perfecto sobre el mapa de su ciudad, y paso a paso, reprodujo el el aro dorado en la realidad. Hasta toparse con la pared de una iglesia gigante, imponente, imposible. Roldani, el autor, me proponía tres soluciones al problema. Yo podía elegir la que deseara. En la primer solución, el chico se daba por vencido. Miraba el inescalable muro, y volvía sobre sus pasos al calor del hogar. Abandonaba su sueño. En el segundo final posible, el joven evaluaba posibilidades: hacer un pozo, aunque los cimientos de tremenda estructura debían ser profundos; escalarlo era la única forma posible. Miraba atentamente el muro, lo estudiaba, descubría las pequeñas salientes, las grietas donde sus pies podrían sostenerse. Y justo cuando se decidía a  escalarlo, un niño. Si, un nene, de no más de diez años se acercaba a él. “No encuentro a mi mamá” decía con voz cortada. Así, nuestro joven, tenía delante una decisión: el muro o el niño. Y tomando la mano del nene, le dijo “Tranquilo, encontremos a tu mama”. Pero no era mi final. El tercer final era fantástico. Mientras el joven estaba de pie ante ese muro que bien podía significar el final de su aventura, de su sueño, escuchó una voz llamándolo. Miró a su alrededor, pero no había nadie cerca, haciéndole señas. Continuó mirando el mapa, y el muro, alternativamente, pero volvió a oír que lo llamaban “Muchacho, muchacho, acá, arriba”. Cuando el chico levantó la mirada, un hombre, en un globo, lo miraba sonriente. “Vamos” dijo el hombre, y un poco como Alicia, pero al revés, el joven subió la escalera al globo, y al cielo. “Déjame ver ese mapa” pidió el señor, “Un círculo, muy ambicioso, pero muy interesante. Nos hallamos aquí, y ese pequeño muro no es problema desde el cielo, o si? Continuemos”. Así, el caballero y el joven trazaron desde el aire el circulo dorado justo por encima de la ciudad cuadriculada. Un circulo que poco sabía de muros y calles, de casas de familia o de fabricas abandonadas. De más está decir que este ultimo era mi final favorito.

Hoy pensé que mi amor era como ese circulo, y que hay días en que no sé que final elegir. El primero no me gusta por derrotista. No hay nada mas cobarde que abandonar un sueño. El segundo me resulta hermoso, y abnegado. El altruismo del abandono de la propia causa por una más noble. El tercer final en cambio puede que me guste mas porque me recuerda la decisión de Alicia de caer por el agujero, porque es también la posibilidad de creer en algo más, en la magia de lo imposible.

Hoy tampoco sé que final elegir, porque mientras mi cuaderno se llena de frases que hablan más de abnegación, de quemar el mundo y bailar. Mientras esas son las palabras que emergen de mis manos, cuelgo grullas sobre mi escritorio, doblo estrellas de papel, con esos mismos dedos adormecidos.

Hoy puede que necesite un nuevo final.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s