let the rebel day begin

Sacudirse la anestesia de los dedos, para extenderse y alcanzar la línea cortante de tu figura alejándose. Y no alcanzo a moverme a tiempo, como en un destiempo provocado por ecos y mareas anteriores al amanecer frio de aquel invierno donde me viste fumar. Quisiera no volver a sentirme así, hastiada de las luces y colores. Quisiera volver a ser el fuego que ilumino el recorrido hacia la playa, cuando estábamos corriendo y aullando en medio de las dunas a un dios que rugía en nuestras espaldas. Si, quisiera volver a vestir tu camisa de franela, raída como tus miradas, tu sabor a cigarrillos mentolados como collar, tus marcas en las muñecas. Podría deshacer esa noche en mil pedazos y devorarlos uno a uno para no olvidar. No olvidar tu voz apagada por el viento, y la arena llenándonos de sal. El sol deshaciéndose en estrellas, en cometas, en tus ojos brillando hasta cegarme. Creo que cantaste un rock (¿o fue una de Dylan?) cuando te empujé contra las nubes para que me dejaras respirar. Corrí riendo, alejándome de vos. Corrí hacia el dulcemente siniestro clamor de las olas, porque creí escuchar mi nombre emergiendo de las rocas. Pero no había sirenas, ni tritones. Solo estruendos y un gris azul como petróleo perforándome los hombros. Y cuando volví, persiguiendo las huellas, levantando pedazos de mi cordura para reencontrarme con tu sombra… ya no estabas.

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