gente

Gente que te dice “Buenos días, buenas tardes, buenas noches”. Gente que te pregunta “¿Cómo estás?” sin esperar respuesta alguna. Gente que te sonríe como saludo cuando te  cruzan en la calle. Los que te piden por favor y dan gracias en la mesa, los que te sostienen la puerta para que puedas pasar. El tipo que te espera para subir al bondi, el que te deja subir primero, el que te cede el asiento cuando es tarde y tenés cara de que no das más. La mina de la fotocopiadora que te deja revisar las carpetas cuando no encontrás el folio, la que te perdona los 10 centavos porque andás sin cambio, el señor del puesto de diarios que te dice donde cargar la SUBE, la mina que te llama cuando te olvidás el cambio. Los amigos de militancia, esos que te ven llegar de lejos, y entienden perfectamente que pases corriendo por al lado porque llegás tarde a cursar, pero que te esperan a la salida para compartir luchas y valores. Las compañeras de cursada que te recuerdan que tenés prácticos que entregar, que te piden mates, que te convidan galletitas para amainar esa clase densa como plomo, las que te dicen que no te rindas cuando sentís que nunca vas a terminar de leer, las que hacen de cursar algo que esperar alegremente. El amigo que te ve y sonríe de verdad, que te pregunta como andas “tanto tiempo sin verte”. El que se sienta al lado tuyo para estudiar en silencio, el que se sienta a cebarte mates aunque no tenga nada que estudiar, la que te distrae con música, la que te da el recreo de 10 minutos para poder recargar energías. Los que te sirven la comida, los que te sirven el vaso de agua, los que te alcanzan la sal. Los que preguntan como fue tu día. La gente que te agrega a a Facebook y que no volviste a ver, los tuiteros que nunca conociste ni querés conocer, pero que lees para entretenerte. Los amigos ocasionales, de salidas perdidas, de actividades que hiciste tiempo atrás, los de la escuela que ahora te resultan casi extraños. Los amigos que dejaste en otras ciudades, los que extrañás, de los que nunca escuchás palabra, pero siempre están presentes. Los que preguntan cuando vas a volver para encontrarse con excusas de mates, de salidas, de simplemente “te quiero ver”. Gente que mejor perder que encontrar. La familia que adoptaste viviendo en las calles de tu barrio, y hermanandote con cualquier chico con el que jugabas, adoptando como madres a las suyas. La familia que formaste con esos primos, tíos, tías, padrinos y amigos, con los que no compartís sangre pero te criaron y llenaron de amor e historias como si los uniera algo más fuerte que eso. Tus papás, tus hermanos, para los que no tenés palabra que no sea amor.

Personas que quiero, extraño y amo en formas y medidas diferentes.

Están todas esas personas.

Y estás vos.

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